Energía, Desarrollo y Vicini

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Fuente: listin.com.do

Santo Domingo

Probablemente la comprensión limitada de la vinculación de la energía y el desarrollo es lo que no ha permitido que históricamente en el país se haya definido una política energética coherente y sostenible que impacte de manera positiva el desarrollo humano y económico de la Nación.

Está claramente demostrado que los países con mayor producto interno bruto son de mayor consumo de energía per cápita. China tiene cuatro veces la población de Estados Unidos y consume anualmente 22% más energía que EE.UU. Sin embargo, en términos de consumo de energía per cápita, un norteamericano promedio consume tres veces y media (3.5) más energía que un chino.

En el “World Development Indicators” publicado recientemente por el Banco Mundial, podemos observar que mientras más rico es un país tiene mayor consumo de electricidad.

Ese informe revela que Estados Unidos se encuentra en el noveno lugar por consumo de electricidad per cápita, superado por Islandia, Noruega, Canadá, Kuwait, Qatar, Finlandia, Luxemburgo y Suecia. En tanto China, que ocupa el primer lugar como el país de mayor consumo de energía del mundo, se encuentra en el lugar 61 en cuanto al consumo per cápita; y República Dominicana en el lugar 106 de 143 países evaluados, donde Haití ocupa el último lugar en el comparativo del consumo de electricidad per cápita por países.

Existe una relación entre el consumo de energía, el desarrollo y la población; se ha demostrado que los países en vías de desarrollo tienen una población más grande que consume menos energía que los desarrollados.

En un estudio reciente de O. Saladié y J. Oliveras sobre el consumo energético por continente en relación a su población, se evidenció que América del Norte consume el 25.4% de la energía mundial y representa un 5.1 de la población mundial; América del Sur y Central consumen el 5.2% de energía y tienen el 8.6 de la población; Europa consume el 27.3% de energía y representa el 11.2% de la población; África consume el 3.1% de la energía del mundo y tiene el 14.2% de población mundial; Asia consume el 37.5% de la energía y representa el 60.4% de la población, y Oceanía el 1.5% y 0.5% respectivamente.

Calidad y consumo
El profesor Vaclac Smil de la universidad de Manitoba en su trabajo titulado “Science, energy, ethics, and civilization” claramente encuentra una alta correlación entre mejorar la calidad de vida de la población y el aumento del consumo de electricidad per cápita. En su trabajo, el profesor Vaclac Smil hace hallazgos interesantes no sólo vinculando el consumo de electricidad con el PIB sino con el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que toma en cuenta aspectos referentes a la salud, educación y la riqueza de los países. Según este estudio, para lograr un IDH por encima de 0.8, combinado con una mortalidad infantil por debajo de 20, y una esperanza de vida femenina por encima de 75 años, se requiere que cada habitante consuma un promedio anual de 60 GJ o 16,000 kWh.

De igual manera, el profesor Smil señala, que de acuerdo a las proyecciones de crecimiento de la población mundial que hace las Naciones Unidas, para 2030 habrá un 25% más de personas respecto a 2005 y por tanto para la próxima generación el uso de energía tendrá que incrementarse en un 25% a 30% para poder satisfacer con una calidad de vida decente las necesidades de 8.1 millones de personas para 2030.

En marzo de 1996 organicé el primer simposio nacional de energía eléctrica, cuyo título fue “Electricidad y Desarrollo: el reto dominicano”. Admito que no hubo casualidad en nombrar el evento de esa forma, ya que el mismo surgió como resultado de la preocupación que teníamos en ese momento del impacto negativo de nuestra deteriorada realidad eléctrica para el desarrollo del país.

Dieciocho años más tarde descubrí esa misma preocupación, pero de manera más amplia, cuando sostuve un diálogo muy extenso con Juan B. Vicini, donde el tema de la energía fue el centro del diálogo, a pesar de muchos otros temas que tratamos sobre la vida nacional.

En ese primer encuentro me sorprendió mucho su amplia y detallada cosmovisión de los problemas nacionales. Me di cuenta que Juan B. Vicini es un hombre de pensamiento de ruptura, una especie de volcán de ideas innovadoras en erupción cargadas de sensibilidad social.

Fue a Juan, a quien escuché hablar sobre la necesidad de hacer proyecciones de nuestro crecimiento energético en base a factores demográficos vinculados al desarrollo económico que aspiramos tener. Él nos plantea hacer la proyección de la demanda de energía, no basada en datos históricos, sino en datos demográficos. A partir de ese momento, lo he interpretado como una forma de adaptar nuestro consumo de energía no al tipo de vida que hemos tenido, sino al tipo y calidad de vida que aspiramos y debemos tener.

En sus reflexiones no sólo le preocupa el crecimiento poblacional de República Dominicana y sus requerimientos de energía para su desarrollo, sino también le preocupa Haití, por tanto piensa en una isla de una población total de 20 millones de habitantes con necesidades y culturas diferentes que terminará duplicándose a la vuelta de unas décadas. Nos dice que para ello se necesita construir una base patrimonial fundamentada en infraestructuras que permitan dar el salto económico que nuestro país necesita, y de paso ayudar a crear las bases del desarrollo para Haití que de igual forma necesita superar sus condiciones extremas de pobreza y su histórica carga de necesidades insatisfechas.

Indudablemente Vicini nos invita a ver el tema energético no de manera coyuntural sino bajo una visión de desarrollo económico integral de mediano y largo plazo.

Es por eso que en estos momentos que nos encontramos en la antesala de iniciar el pacto eléctrico que nos ordena la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo, entiendo que el país tiene una gran oportunidad para que de manera sensata y objetiva visualicemos la electricidad y el desarrollo como el verdadero reto dominicano.

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