El combustible de ayer

Fuente: diariolibre.com

El futuro del petróleo. La sed mundial por petróleo podría estar cercana al pico. Esa es una mala noticia para los productores, excelente para el resto del mundo

El amanecer de la era del petróleo fue bastante reciente. A pesar de que este fue utilizado para impermeabilizar los botes en el Medio Oriente hace 6,000 años, la extracción en serio empezó en 1859 después de descubrir petróleo en Pennsylvania. Los primeros barriles de crudo se cotizaron a $18 (equivalente a precios actuales a aproximadamente $450). Se empleó para hacer kerosene, el combustible principal para la luz artificial después de que el exceso de la pesca condujo a una escasez de grasa de ballena. Otros líquidos producidos en el proceso de refinamiento, demasiado inestables o humeantes para las lámparas, eran quemados o arrojados. Pero la indeseada gasolina y diésel no se desecharon por mucho tiempo, gracias al desarrollo del motor de combustión interna unos pocos años después.

Desde entonces la demanda de petróleo, con un par de recaídas en los años de 1970 y 1980, ha aumentado sistemáticamente junto con los crecientes viajes en vehículos, aviones y barcos. Tres quintas partes del petróleo terminan en tanques de combustible. Con miles de millones de chinos e indios haciéndose cada vez más ricos y ansiosos por colocarse detrás del guía de un carro, las grandes empresas petroleras, la Agencia Internacional de Energía (IEA) y la Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA) todos predicen que la demanda continuará creciendo. Uno de los gigantes petroleros, la británica BP, considera que crecerá de 89 millones de barriles por día del presente a 104 millones b/d para el 2030.

Nosotros creemos que están equivocados y que el petróleo está cercano a hacer pico. Este no será el “pico del petróleo” ampliamente discutido hace varios años, cuando varios teóricos, quienes desde entonces se han mantenido extrañamente callados, conjeturaron que el suministro se aplanaría y luego caería. Nosotros creemos que podría declinar la demanda, no el suministro. En el mundo rico la demanda de petróleo ya hizo pico: ha disminuido desde el 2005. Aun admitiendo las nuevas demandas en Beijing y Delhi, dos revoluciones de la tecnología moderarán la sed mundial por el oro negro.

Arañando

La primera revolución fue liderada por un tejano que acaba de fallecer. George Mitchell abogó por el “fracking” [fracturación hidráulica] como una manera de liberar enormes cantidades de gas “no convencional” de los depósitos de esquisto. Esto, junto con nuevos descubrimientos de vastos depósitos de gas convencional, recientemente ayudó a incrementar las reservas mundiales de 50 a 200 años. En los Estados Unidos, donde gracias a Mitchell el gas de esquisto ya está fluyendo del suelo, el gas licuado o comprimido ya se encuentra en los tanques de camiones, autobuses y vehículos de transporte local. El gas podría también reemplazar el petróleo en barcos, centrales eléctricas, plantas petroquímicas y sistemas de calefacción industriales y de hogares, desplazando algunos millones de barriles de petróleo al día para el 2020.

El otro cambio grande es en la tecnología automotriz. Los rápidos avances en el diseño de motores y vehículos amenazan también el predominio del petróleo. Más importante es la eficiencia del motor de combustión interna mismo. Los motores de gasolina y diésel se están haciendo cada vez más frugales. Los materiales empleados para la fabricación de los vehículos son más ligeros y fuertes. La creciente popularidad de los carros eléctricos e híbridos, al igual que los impulsados por gas natural o células de combustible de hidrógeno, tendrán también un impacto sobre la demanda de petróleo. Analistas de Citi, un banco, calculan que si la eficiencia del consumo de combustible de los carros y camiones mejora en promedio 2.5% al año será suficiente para restringir la demanda de petróleo; predicen que en unos pocos años hará pico en menos de 92 millones b/d. Ricardo, un ingeniero automotriz grande, ha llegado a la misma conclusión.

No es de sorprender que los “gigantes” petroleros y el IEA no estén de acuerdo. Señalan que la mayoría de los países emergentes todavía tienen un largo trecho por recorrer antes de tener los vehículos y los kilómetros conducidos por cabeza que los Estados Unidos.

Pero sería tonto extrapolar del pasado del mundo rico al auge futuro de Asia. El tipo de políticas medioambientales que están reduciendo la sed de combustibles en Europa y los Estados Unidos imponiendo normas cada vez más fuertes sobre la eficiencia de los combustibles en los vehículos están siendo adoptadas también por las economías emergentes. Recientemente China introdujo sus propias medidas para el ahorro de combustibles. Si, como resultado de su determinación de reducir su dependencia de la importación de petróleo, el régimen impone políticas diseñadas para que el sistema de transporte del país “salte” a los híbridos, la demanda de petróleo recibirá aún más presión.

Ajuste del pico

Un par de factores compensatorios podrían provocar un aumento del consumo. Primero, los sauditas, quienes controlan el 11% de la producción y tienen la mayor cantidad de capacidad de reserva, podrían decidir producir más, reduciendo los precios y por tanto incrementando la demanda. Podrían también reducir la producción para tratar de subir los precios, de ese modo reduciendo aún más la demanda. Segundo, si la disminución de la demanda empuja hacia abajo el precio del petróleo, los conductores podrían volver a vehículos de gran consumo de gasolina, como ocurrió cuando el petróleo estuvo barato en los años de 1990. Pero las normas de emisión más restrictivas deberían hacer eso más difícil en el futuro.

Si la demanda del petróleo sencillamente se estabiliza, tendrá consecuencias importantes. Al medio ambiente le iría mejor. Los vehículos de gas natural emiten menos dióxido de carbono que los de gasolina.

La jerarquía corporativa del más fuerte cambiará también. Actualmente, Exxon Mobil compite con Apple como la empresa de mayor cotización del mundo. Sin embargo Exxon y los otros gigantes petroleros son más vulnerables de lo que aparentan. Bernstein, una empresa de investigación, conjetura que extraer ahora nuevos barriles de petróleo del Ártico o de otros medioambientes tecnológicamente (o políticamente) exigentes costará $100. Las petroleras súper gigantes todavía podrán tener un buen futuro al igual que las grandes de gas natural, pero no será tan rentable.

El mayor impacto de la disminución de la demanda podría ser geopolítico. El petróleo sustenta la cleptocracia de Putin. El Kremlin encontrará más difícil imponer su voluntad en el país si su fuente principal de padrinazgo es disminuida. Los príncipes sauditas han confiado en el alto precio del petróleo para equilibrar sus presupuestos mientras costean lujosos programas sociales para aplacar a las jóvenes generaciones inquietas que se han lanzado a las calles en otros países. Sus enormes reservas financieras pueden taponar la brecha por un tiempo; pero si el petróleo fluye en menor cantidad a los cofres del reino, el comprar la oposición será más difícil y las posibilidades de revueltas mayores. Y si los Estados Unidos se dirigen a la autosuficiencia con el gas de esquisto, es poco probable que sea tan indulgente en el futuro con sus aliados árabes que apoyó en el pasado. En su subida, el petróleo ha alimentado muchos conflictos. Podría continuar haciéndolo en su caída. A pesar de todo ello, la mayoría le dará la bienvenida al cambio.

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com

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