Red integrada, la alternativa más viable en el transporte

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Fuente: Diario Libre

SANTO DOMINGO. En el 2006, en plena construcción de la primera línea del Metro de Santo Domingo, visitó el país el arquitecto brasileño Jaime Lerner, conocido por su teoría sobre la “Acupuntura urbana” y su solución a los problemas del tránsito en la ciudad de Curitiba, Brasil, para muchos un ejemplo de organización.

El arquitecto hablaba entonces de lo que debería ser el futuro del transporte que, según él, tenía que planificarse en superficie, debido a lo costoso de los sistemas subterráneos.

“El futuro de la movilidad está en el siguiente asunto: utilizar bien lo que hay, con la condición de jamás competir en el mismo espacio que el otro; independientemente de que el metro sea subterráneo, tener un buen sistema en superficie será fundamental”, comentó en aquella ocasión, en entrevista exclusiva con DL.

Hoy, casi siete años después y con dos líneas de Metro construidas y en operación, se mantiene el debate entre algunos especialistas sobre cuál es la forma más conveniente para organizar el transporte nacional, coincidiendo todos en que el Metro, por sí solo, no es la solución.

Para el arquitecto urbanista Pedro Mena, la movilidad en el país no debe enfocarse en un sistema único, y tampoco se le puede seguir buscando salidas de ingeniería, pues: “Ni el metro tiene los pasajeros que debería, ni los elevados han eliminado los tapones”. Mena plantea un modelo, en el que el Metro tenga la afluencia de pasajeros adecuada, pero que no crezca más, y que las dos líneas existentes se articulen con un sistema adecuado en superficie.

Para ello, señala, habrá que darle mantenimiento a los vehículos en que se ofrece el servicio actualmente, y sentarse en una mesa redonda con los diferentes actores, especialmente con los sindicalistas, “no para sobornarlos, callarlos o ignorarlos”, sino para planificar con todos.

Tendencia

En América Latina todavía predominan los sistemas de autobuses. El informe “Desarrollo urbano y movilidad en América Latina”, elaborado en 2011 por la Corporación Andina de Fomento, señala que cuando se clasifican los vehículos de transporte colectivo de 15 ciudades por su importancia respecto al total de pasajeros, el autobús, el micro y minibús producen la mayor parte del transporte; todos los vehículos automotores sobre neumáticos movilizan el 85% del total, y el restante 15% corresponde al transporte sobre rieles.

“Existen sistemas con menos de 5,000 pasajeros por kilómetro de vía diaria, cuando los sistemas de metro de alta productividad (São Paulo y Santiago) tienen valores superiores a 25,000 pasajeros diarios por kilómetro. Esto denota que hay una capacidad ociosa muy grande que debe alertar sobre qué utilización se dará a estos sistemas en el futuro”, dice el estudio.

Sobre el sistema ferroviario, el informe “Ciudades en movimiento: revisión de la estrategia de transporte urbano del Banco Mundial” señala que los metros son por lo general la forma más costosa por kilómetro de ruta, pero poseen la mayor capacidad y el mejor desempeño.

En el país, el transporte público se fundamenta en una flotilla privada de 33,345 vehículos, de los que 21,161 son carros, 5,542 microbuses, 4,525 minibuses y 596 autobuses, conforme los registros de la Oficina Técnica de Transporte Terrestre (OTTT).

Estas unidades mueven alrededor del 80% de los pasajeros. En adición, el Estado aporta unas 205 unidades, a través de la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA), que moviliza alrededor del 3.5% de los pasajeros; más las dos líneas del Metro que, según las autoridades, transportan diariamente a unas 120 mil personas, equivalente al 6.4%.

El ingeniero especialista en transporte, Jhael Isa Tavárez, recuerda las inversiones que ha realizado el Estado por mejorar el sistema, incluyendo incorporación de flotillas e instalación de infraestructura. Pero, advierte que esas medidas sólo dan una solución a corto plazo, a la vez que incentivan la movilidad individual, aumentando en el largo plazo los niveles de congestión y lacerando la ciudad con infraestructuras costosas que empeoran las condiciones de movilidad y el entorno urbano.

“La ciudad todavía requiere de un desarrollo integral y sostenible que promueva la movilidad universal, desarrollando estructuras que incentiven el uso de múltiples modos de transporte”, considera.

Isa Tavárez estima necesaria una articulación que permita la integración del Metro de Santo Domingo con un Sistema de Transporte Rápido en Bus (TRB) con líneas troncales de autobuses articulados dotados de rutas alimentadoras, estructuras eficientes de paradas, carriles exclusivos con separación de calzada e integración tarifaria. Que tenga, además, sistemas inteligentes de transporte y otras características que permiten establecer una opción de calidad para los usuarios de la red vial y generar una mejor oferta, con una menor inversión, para la demanda de transporte de la ciudad.

El ingeniero está convencido de que la integración de otras modalidades de transporte que articulen el sistema y cambien el panorama urbano bajo una movilidad universal, permitirá repensar la ciudad y hacerla un espacio habitable para los ciudadanos.

Otro especialista en el tema y pasado director de la Oficina Técnica de Transporte Terrestre (OTTT), Onéximo González, resume en dos palabras la solución a los problemas del transporte nacional: “voluntad política”.

“Se iniciaría con la aprobación por el Congreso de la Ley de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, que, apegada a la Constitución de la República y a la Estrategia Nacional de Desarrollo 2010-2030, garantiza el derecho a la movilidad y accesibilidad, como una herramienta de desarrollo humano”, dice.

Recuerda que el proyecto de Ley promueve el uso y aplicación de nuevas tecnologías, el consumo de combustibles amigables con el medio ambiente, y establece estrategias para financiar la modernización del tránsito y el transporte de pasajeros en las ciudades, especializando 2.5 centavos de dólar por galón de combustible vendido, (RD$1 por galón), generando US$24 millones cada año.

“La red vial de Santo Domingo, en más de 20 años, no ha incrementado su capacidad, mientras los automóviles crecen a una tasa de un 3% anual. Por estas razones, podemos predecir que el tránsito en la ciudad colapsará en menos de cinco años, generando tapones mayores de tres horas”, indica. Y plantea que se deben adquirir y sacar de la ciudad 21,500 vehículos obsoletos, usando para ello el subsidio de US$50 millones por año que el gobierno entrega a sindicalistas y transportistas, y los US$24 millones al año que generará la nueva ley.

“Transporte debe estar en manos privadas”

Entre los sindicalistas también existen ideas claras sobre cómo debe ser el transporte nacional, aunque desde una óptica distinta.

El presidente de la Confederación Nacional de Organizaciones del Transporte (Conatra), Antonio Marte, entiende que si los planes estatales de transporte han fracasado, se debe a la falta de participación de los choferes en su elaboración.

“En ningún país del mundo ha funcionado el transporte en manos del Estado. El Gobierno debe poner la plataforma, regular, y nosotros los empresarios, los choferes, hacer la inversión sin el Gobierno tener que poner un cinco, pero aquí es lo contrario”, se queja.

Marte coincide en su planteamiento con el también empresario del transporte Alfredo Pulinario Linares, presidente del Movimiento Choferil del Transporte (Mochotran), que con más de dos décadas asesorando a los gobiernos en esa materia, asegura que los mandatarios del país nunca han hecho caso a su recomendación de que el transporte público debe estar en manos privadas y no en las del Estado.

Desde el estado

En la planificación de Transporte que tiene la OTTT en su Plan Estratégico 2013-2016, se establece como una de sus líneas de acción el promover y gestionar la participación público privada en la provisión de servicios de transporte y logística. También el incentivar la conformación de una eficiente red multimodal de transporte y servicios con cobertura en todo el país, pero no hace referencia a un sistema en específico a implementar.

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