La acción contra el cambio climático

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Fuente: Listín Diario

Encienda su televisor y mire las noticias. Casi todas las semanas verá imágenes de desastres naturales, consecuencia de condiciones climáticas extremas. Todos los desastres causan miseria y pérdida de vidas humanas, además de miles de millones de pesos en daños y perjuicios.

República Dominicana es uno de los diez países más vulnerables al cambio climático en el mundo. Está en riesgo el acceso al agua de las principales ciudades del país. Aguaceros, inundaciones y sequías ponen en riesgo la producción agrícola, destruyen vidas y asentamientos humanos. Menos visible, quizás, el aumento del nivel del mar destruye áreas costeras, su calentamiento disminuye especies marinas y el aumento de las temperaturas está cambiando el clima en las montañas, haciendo desaparecer especies y provocando la aparición de nuevas plagas y enfermedades.

Todos estos cambios tienen dos causas principales: la quema de combustibles fósiles (petróleo y carbón) y la disminución de los bosques, ya que actúan como el pulmón de nuestro planeta.

Las conclusiones de los científicos no dejan lugar a dudas: para evitar un desarrollo catastrófico con daños irreversibles a los ecosistemas del planeta, tenemos que limitar el aumento de la temperatura a un máximo de 2 grados celsius.  Para lograr esto, es necesario reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Fijar metas para disminuir las emisiones globales de estos gases es precisamente el objetivo de las negociaciones climáticas internacionales. La reunión clave, la COP 21, tendrá lugar en París a finales de año y necesitamos llegar a un acuerdo sobre la acción global: un acuerdo que sea ambicioso, legalmente vinculante y que abarque compromisos de todos los países.

En concreto, esto significa comprometernos a adoptar e implementar políticas para disminuir el uso de combustibles fósiles en la producción de energía, en las industrias y el transporte, disminuir los desechos sólidos mejorando a la vez su tratamiento y políticas para preservar los bosques monitoreando la gestión sostenible de los recursos forestales.

Debemos cambiar nuestra manera de producir, de viajar y de consumir.  Podemos vivir más “verde” sin tener que renunciar al crecimiento y a la modernidad. Una economía baja en carbono puede ser eficiente, competitiva y dinámica. Una ciudad baja en carbono puede ser moderna, atractiva para los negocios y de mucha calidad para sus ciudadanos.

Actuar contra el cambio climático, re-dirigir la inversión hacia una economía verde y sostenible es una oportunidad y puede ser un negocio rentable. Pero requiere estrategias empresariales y políticas económicas con los incentivos correctos.

Entre los años 1990 y 2012,  la Unión Europea redujo en un 19% sus emisiones de gases de efecto invernadero a la vez que la economía creció en un 45%.  Invertir en negocios sostenibles ha incentivado la competitividad y la innovación en Europa, generando crecimiento y empleos de calidad. Durante los años de crisis, entre 2007 y 2011, los sectores relacionados con la economía verde, como las energías renovables, los transportes “limpios” o las tecnologías de eficiencia energética han mostrado tasas de crecimiento por encima del 4%. Los denominados “empleos verdes” han crecido en un 20%  y se estima que para el año 2020 podrían generar hasta 20 millones de empleos nuevos.

El compromiso europeo para la COP21 es el de reducir las emisiones en al menos un 40% hasta el año 2030 con políticas concretas para incentivar la eficiencia energética, los transportes públicos, las energías renovables y el reciclaje de los desechos, entre otros. Para lograr estas metas, la Unión Europea dedicará el 20% de su presupuesto a acciones para enfrentar el cambio climático. Esto significa que la Unión Europea destinará hasta el año 2020 alrededor de 180 mil millones de Euros (unos novecientos mil millones de pesos dominicanos) al financiamiento del clima. La UE y sus Estados Miembros también está contribuyendo a apoyar la mitigación y la adaptación en los países más vulnerables al cambio climático, entre otros la República Dominicana con iniciativas en gestión del agua, transporte público, reforestación, energías renovables, gestión de riesgos de desastres, etc.

El sector privado también está cambiando de rumbo.  Ciertos fondos de inversión están reorientando sus inversiones del carbono a las energías limpias. Bancos comerciales han comprometido más de 30 mil millones de euros en financiamientos climáticos a través de bonos verdes. Varias de las empresas más grandes del mundo han anunciado también sus reducciones de emisiones y sus contribuciones al financiamiento del clima. Esperemos que sirvan de inspiración y ejemplo a muchas otras empresas.

La República Dominicana incluyó en la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo en 2012 su compromiso de de 25% de reducción de emisiones hasta el año 2030 basado en proyectos de mitigación en los sectores de energía, agricultura, gestión forestal, transporte, industria y gestión de desechos sólidos. El “cómo” para la implementación de este compromiso está ahora en discusión con el sector privado, los partidos políticos, la sociedad civil y la prensa, bajo la coordinación del Consejo Nacional de Cambio Climático, antes de la aprobación de su versión final en julio/agosto de este año.

Tanto la Unión Europea como la República Dominicana debemos ser conscientes de que estamos ante una oportunidad histórica que no podemos permitirnos el lujo de perder. Juntos podremos enfrentar mejor los desafíos y oportunidades del cambio climático, uno de los mayores retos de este siglo XXI.

Alberto Navarro, embajador de la Unión Europea.

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